Las invisibilizadas

Una visión feminista de la traducción

Abrapalabra

30 de septiembre de 2018

“Las traducciones son como las mujeres: si son bellas, no son fieles y si son fieles, no son bellas”

anónimo

¿En cuántas lecciones, encuentros y congresos de traducción hemos escuchado esta frase hasta el hartazgo? Aquella frase renacentista, harto conocida en el ambiente de la traducción, condensa el sentido común de su época (que, en gran medida, sigue vigente): la belleza es la exigencia a la cual debemos responder las mujeres, una belleza que poco tiene que ver con nuestra voluntad o deseo, una belleza que más bien debe estar al servicio de otros. Como traductorxs, se nos dice que debemos estar al servicio de un lector, de un texto, de una lengua. Se nos enseña a ser fieles a un autor que es sagrado. Y que siempre siempre se escribe en masculino.

El mandato de la fidelidad conlleva un borramiento: al igual que las mujeres en el espacio público, la traducción tiene que pasar desapercibida, no debe molestar ni entorpecer el acceso al texto original. Lxs traductorxs, como las mujeres, debemos ser invisibles, no tenemos que evidenciar nuestra subjetividad ni dejar entrever nuestras interpretaciones –como si tal cosa existiese en la comunicación.

¿Será casual, entonces, que una tarea invisibilizada, como la traducción, sea además una profesión mayoritariamente ejercida por mujeres?

Nos preguntamos aquí si será posible trazar un paralelo entre el trabajo doméstico y del cuidado que sostiene nuestra economía (las llamadas “tareas de reproducción”) con aquella difundida noción que prescribe la invisibilización de lxs traductorxs. Nos preguntamos acaso si no se trata ello de una “feminización” de nuestro oficio de traducción, tal como ocurre en las relaciones capitalistas: la traducción, en tal sentido, se entiende no como la producción de un texto nuevo (con impronta autoral propia), sino como mera reproducción para la explotación ajena. El reconocimiento, la apropiación, la ganancia por ese texto-producto queda en otras manos.

Este 30 de septiembre queremos reivindicar nuestro lugar de traductoras y traductores, porque no somos simples mediadorxs, porque nos reconocemos también como constructorxs de sentidos, como actores y actrices fundamentales en el proceso de producción de conocimiento, de comunicación e intercambio entre nuestras lenguas y culturas.

Nos planteamos ser fieles a nadie más que a nuestras elecciones, defendiendo nuestros criterios profesionalmente y visibilizando nuestro rol a fin de empoderarnos.

Feliz día a lxs traductorxs que deciden ser bellamente libres y visibles.

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